Cada vez es más común que los peces
dorados que arrojan a ríos en Australia se terminen convirtiendo en monstruos con un peso de casi dos kilos, y suponen un verdadero riesgo para las especies nativas de esos ríos. La prueba la pueden ver en la imagen sobre estas líneas, de un pez dorado que creció mucho más de lo que podríamos imaginar.

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